Historias, impresiones y recuerdos

De Cástaras a Hollywood

Valentín Parera, una historia de cine

 

Jorge García García. Recuerdos de Cástaras.*

A consecuencia de las abundantes explotaciones mineras que se desarrollaron en Cástaras y su contorno durante la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX, llegaron a la población diversos personajes que de una u otra forma dejaron huella en su devenir y en el de sus vecinos. Uno de ellos fue Baldomero Parera, destacado facultativo de minas, que llegó a Cástaras como director de la compañía Parera y Cía., explotadora de varias minas de cinabrio de las que era propietario en sociedad con los hermanos Gonzalo y Álvaro de Figueroa, duque de las Torres y conde de Romanones, respectivamente.

Baldomero Parera       Soledad Mora

Don Baldomero y doña Soledad, padres de Valentín Parera. (Cortesía de Ángela Sánchez Schoch).

Durante algo más de una década permaneció en el pueblo, residiendo con su familia en la fábrica de azogue de los Prados de Villarreal, la popular «Fabriquilla», y realizando frecuentes viajes relacionados con sus negocios. Don Baldomero formaba pareja con Soledad Mora, «doña Sol», con la cual tuvo cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres, nacidos en Granada, Almería y Cástaras (el menor) en la década final del siglo XIX. La pareja contrajo matrimonio in articulo mortis el 1 de agosto de 1902 en Cástaras.

Lápida de Baldomero Parera

Lápida que cerraba el nicho del cementerio del Albercón donde fueron inhumados los restos de Baldomero Parera. (Cortesía de Ricardo Vaquero).

Los cuatro hijos de don Baldomero y de doña Soledad se criaron y pasaron la mayor parte de su infancia en Cástaras. Corretearon los Prados y demás parajes de la zona jugando y divirtiéndose con la alegría propia de la infancia, al aire libre y en plena naturaleza, hasta que su bucólica existencia vino a truncarse de improviso al fallecer don Baldomero en 1902, cuando acababa de cumplir cuarenta y un años.

Con la inesperada muerte de don Baldomero, la vida de la familia cambió drásticamente. Hacia 1906, una vez vendidas las propiedades de su marido, doña Soledad se trasladó a Madrid con sus hijos, la mayor de quince años y el menor de diez, y contrajo nuevo matrimonio.

Valentín Parera y familia

Valentín Parera (de pie en el centro) con su familia (ca. 1914).

(Cortesía de Ángela Sánchez Schoch).

Valentín Parera, un actor de cine castareño

Valentín Parera

Valentín Parera en una foto promocional de estudio hacia 1925. (Colección de Recuerdos de Cástaras).

Uno de aquellos niños castareños hijos de doña Soledad y don Baldomero, era Valentín Parera Mora, que años más tarde, tras salir de Cástaras para no volver jamás, se convirtió en destacada figura del naciente cine español y, más tarde, en empresario de la industria del espectáculo estadounidense. Pocos lo recuerdan hoy, y menos conocen que se crio en Cástaras y que compartió juegos y pupitre con nuestros abuelos.

En Recuerdos de Cástaras queremos dar a conocer a Valentín como castareño destacado, rescatar su figura del olvido y dedicarle, en suma, el sencillo homenaje de esta página, proporcionando los datos y referencias que hemos conseguido reunir a lo largo de una búsqueda, que tuvo origen en las difusas noticias que nos transmitieron nuestros padres y abuelos, los cuales nunca llegaron a olvidar ni a él ni a su familia, tan vinculados a Cástaras al final del siglo XIX.

Había nacido Valentín el 15 de agosto de 1894 en Granada,[1] en la casa número dos y cuatro de la calle Cañuelo, la hoy denominada Joaquín Costa y antiguamente Imprenta Vieja, que va de Reyes Católicos a Almireceros, donde sus padres tenían domicilio. Con apenas ocho años, la muerte de don Baldomero vino a cambiar para él los amplios horizontes de una infancia feliz rodeado de naturaleza en plena libertad, por el orden, disciplina y obligaciones que requerían su educación de adolescente como hijo de acomodada familia dentro del reducido espacio de un piso en el Madrid que resurgía tras el desastre del 98.

Vista panorámica reciente de Los Prados, paraje de Cástaras donde transcurrió una parte de la infancia de Valentín Parera y sus hermanos. (Cortesía de Pilar Mezcua).

En 1906 la familia dejó Granada, fijando su nueva residencia en Madrid, donde Valentín cursó el bachillerato en el Instituto de san Isidro,[2] no sin dificultades, como él mismo reconocería a su biógrafo, Carlos Fernández Cuenca. No fue lo que se dice un buen estudiante; hacer rabona, sustituyendo la asistencia a las clases por escapadas hasta las afueras de Madrid, era una de sus mayores aficiones. Tenía poco aprecio por los libros de texto, algunos de los cuales llegó a vender para comprar golosinas con las que obsequiar a muchachas, señal incipiente del carácter galante y conquistador que mostraría en adelante.

 

La plaza de Cástaras, escenario de juegos de Valentín, en una fotografía de comienzos del siglo XX.(Portfolio fotográfico de España, cuaderno 147, lámina 12).

 

Concluido el bachillerato, y muy a su pesar, Valentín comenzó a prepararse para la carrera militar, por deseo de su madre que quería ver continuada en él la tradición militar familiar iniciada por Mariano Mora García, abuelo materno de Valentín, fallecido en 1873 siendo teniente de Infantería. Pero la disciplina militar y el estudio de las áridas materias castrenses congeniaban poco con el carácter desenfadado, jovial y bohemio de Valentín, que pronto renunció a continuar por la senda marcial, se acogió a la figura de soldado de cuota para el cumplimiento del servicio militar, y abandonó definitivamente los estudios.

La Fabriquilla y edificios aledaños, residencia de don Baldomero Parera y su familia a finales del siglo XIX. (Archivo de Recuerdos de Cátaras).

Dirigió sus pasos laborales por derroteros bien distintos, ingresando como meritorio en la compañía de representaciones comerciales de José Leblanc Delange, donde permaneció aproximadamente dos años y adquirió la experiencia que le permitiría hacerse cargo de un importante puesto en el negociado marítimo de «La Foncière», compañía de seguros con sede en París y delegación en Madrid desde 1883, que operaba en los ramos de transportes y accidentes. Posteriormente pasó a ocupar un cargo destacado en la dirección de la sucursal abierta en Madrid por el Banco Alemán Transatlántico, institución financiera creada en 1904 dependiente del Deutsche Bank.

Aficionado al naciente mundo del automovil, buen mecánico y mejor conductor, emprendió un floreciente negocio de compraventa de automóviles que le proporcionaba vehículos para satisfaccer su afición, al tiempo que obtenía pingües beneficios.

Fábrica de azogue de los Prados (La Fabriquilla) en una foto de 1898, publicada en el blog «El Faro de Bédar».

Mientras tanto desarrollaba con fortuna sus dotes de seductor. Desde bien joven, Valentín, era conocido por su simpatía, apostura, elegancia, cosmopolitismo y jovialidad y muchas mozuelas se desvivivían por obtener sus favores.

Frecuentaba los mejores salones de Madrid. Era cliente habitual del café Savoia, local situado en los bajos del teatro Apolo, junto a su vestíbulo, en la calle de Alcalá, al lado de la iglesia de san José, donde se gestó la Revista de Occidente de la mano de Ortega y Gasset y donde se reunían tertulias literarias y políticas, antes y durante la dictadura de Primo de Rivera, en torno a Valle Inclán, a Manuel Azaña y a otros intelectuales de menor fuste, con cuyos contertulios Valentín mantenía amistosas relaciones. Igualmente acudía con asiduidad a otros locales, como la Maisón Dorée o la Granja El Henar, junto al Círculo de Bellas Artes, también en la calle de Alcalá. En este último café se relacionó Valentín con la abigarrada pléyade de intelectuales, escritores, humoristas, cineastas, políticos y bohemios tertulianos, entre los que ya sobresalían figuras como Tono, José López Rubio, Luis Buñuel, Enrique Jardiel Poncela, Edgar Neville, Alady, Miguel Mihura, Francisco Ayala, Antonio Machado, Pepín Bello, Salvador Dalí o Federico García Lorca, que poco más tarde ocuparían los lugares más destacados de las letras y las artes españolas. Y al café Molinero, al principio de la Gran Vía, donde se reunía el autollamado «rincón de los pocos», formado, entre otros, por Andrés Carranque de Ríos, Benito Perojo, Luis de Arnedillo, José María Jimeno, Francisco Elias y el propio Valentín. Quizá sería en esta tertulia donde se despertó su interés por el mundo del cine.

  
  
  

El rostro de Valentín Parera en varias fotografías tomadas entre 1925 y 1935.

 

Se desenvolvía con igual o mayor soltura por los grandes establecimientos de recreo y salas de fiesta de la capital, como la del ya por entonces decadente Club Parisiana, que Fernández-Conde añorara en un artículo publicado en 1924. En estos salones mundanos, de cosmopolita y exquisito ambiente, Valentín hacía gala de su simpatía y apostura entre damas y damiselas de la alta sociedad y mediana burguesía madrileñas o entre las hermosas cupletistas de moda y las esplendorosas bailarinas de fama encargadas de deleitar al público que llenaba aquellos locales. Entre tan abundante femenil belleza, Valentín escogía compañía para compartir locas noches de lujo, champán y rosas. Llevando del brazo a relumbrantes bellezas, se lo veía aparecer al volante de llamativos coches por los mejores restaurantes, teatros y hoteles de Madrid y, a veces, visitar los más distinguidos locales y playas del norte.

Caricatura de Valentín Parera

Dos caricaturas de Valentín Parera: a la izquierda la realizada por Sirio para la publicación Figuras de la pantalla en 1928 y a la derecha la que dibujó Roberto Gómez (Roberto) para el número 146 de la revista de humor Gutiérrez con ocasión del estreno de La bodega en 1930.

Una de estas jóvenes del mundo del espectáculo, canzonetista de gran éxito, cuyos favores se disputaban la máxima figura del toreo de la época, un importante ganadero y un destacado miembro de la alta aristrocracia,[3] inesperadamente correspondió a las pasiones juveniles de Valentín y mantuvieron una corta y accidentada relación amorosa, rota por una amiga de la cupletista que pronto sedujo a nuestro paisano.

Pero Valentín se resistía a tomar estado mientras «libaba de continuo en las flores más bellas que encontraba a su paso».

Adelita Lulú
Claude France

Adelita Lulú (izquierda), canzonetista de éxito con quien parece ser que Valentín Parera mantuvo una fugaz y ardorosa relación sentimental de juventud y Claude France (derecha), actriz de cine de origen alemán con la cual Valentín disfrutó una apasionada aventura amorosa en París mientra rodaba La condesa María, poco antes del suicidio de la actriz. (Imágenes tomadas de delcampe.net y de Flickr respectivamente)

Actor de cine

Su espíritu inquieto y aventurero lo impulsó a emprender un viaje por Europa. Dejó en manos de un amigo el negocio de los coches y durante seis meses recorrió Francia, Suiza, Alemania, Austria e Italia. Como si fuera un juego, con intención de pasar unas vacaciones pagadas en la Riviera francesa, quiso probar suerte en el mundo del cine. Consiguió intervenir, con papeles insignificantes, en las películas Amores andaluces y Por el trono de un rey, de las que no hemos encontrado rastro. Fue rechazado por un director de cine español por no ser fotogénico, pero lo contrató la productora Casa Royal Film de París para protagonizar la película Marichu, fille basque, bajo la dirección de un tal monsieur Dupuy. Una vez comenzado el rodaje, este metteur consideró que Valentín no era fotogénico, lo despidió e hizo que se le cancelara el contrato.

 

Cartel de la película El negro que tenía el alma blanca.

El negro que tenía el alma blanca (1926)

Desalentado, cuando pensaba regresar Madrid para buscar empleo fuera del mundo del cine, se encontró en París con Benito Perojo, que le ofreció un corto papel en El negro que tenía el alma blanca (en francés Le danseur de jazz),[4] película muda coproducida en 1926 por La Production Française Cinématographique (París) y Goya Films (Madrid), bajo un guión basado en la novela homónima de Alberto Insúa, escrito por Benito Perojo que también dirigió la película, rodada en los estudios Eclair y con exteriores en Madrid, París, Barcelona, Monserrat y Niza. Los papeles protagonistas corrieron a cargo de Conchita Piquer y Raymond de Sarka. Valentín aceptó e interpretó el papel del marqués de Arencibia, tarea que llevó a cabo con el porte y elegancia que lo caracterizaba. Su actuación, de poco más de dos minutos de duración, gustó a público y a profesionales, abriéndole paso en el mundo del cinema.

 

El negro que tenía el alma Blanca

Valentín Parera en un fotograma de El negro que tenía el alma blanca.

Folleto novela cinematográfica de Granaderos del amor, película en la que intervino Valentín Parera.

La condesa María (1927)

De seguido intervino en La condesa María, una cinta muda, estrenada el 6 de febrero de 1928 en los cines Royalty y Madrid de la capital de España, y el Théatre des Champs Elysées de París el 19 de marzo del mismo año con buena acogida de público y crítica. Basada en la comedia homónima de Juan Ignacio Luca de Tena, adaptada y dirigida por Benito Perojo en 1927, coproducida por Julio César y por la francesa Films Albatros, fue rodada en interiores de París y algunas escenas de exteriores en Marruecos e interpretada por Rosario Pino, José Nieto, Sandra Milovanoff, Andrée Standart y Valentín Parera, que en esta ocasión interpretó el papel de Manolo, un primo del protagonista, aristócrata aruinado, lechuguino, granujilla y borrachín, que lo lanzó a la fama abriéndole definitivamente las puertas de la cinematografía. Algún crítico comparó a Valentín con con el famoso y prestigioso actor cómico Max Linder, fallecido unos años antes.

La condesa María

Valentín Parera en una escena de La condesa María.

Cartel de Corazones sin rumbo.

Corazones sin rumbo (1927)

Su siguiente película fue Corazones sin rumbo (Herzen ohne ziel, en alemán), coproducción hispano-alemana, basada en la novela del mismo título de Pedro Mata y dirigida igualmente por Benito Perojo. Se rodó a finales de 1928 en los estudios Emelka de Múnich, con exteriores en Toledo, Madrid y Barcelona. Imperio Argentina (Isabel) y Valentín (Pepe Alcaraz) encarnaron los roles protagonistas, secundados por Betty Bird (María Luisa), Livio Pavanelli (Luis) y Alfredo Hurtado «Pitusín» (golfillo Migajas) entre otros actores. La cinta se estrenó en el cine Ideal de Bilbao el 1 de enero de 1929. En Madrid se proyectó por vez primera en el Palacio de la Música el 28 de febrero del mismo año y en Barcelona cuatro días más tarde en los cines Pathé Palace y Excelsior. Por este trabajo le pagaron a Valentín ocho mil quinientos marcos oro netos, muestra del prestigio que había adquirido en tan poco tiempo. El éxito de la cinta lo convirtió en el galán de moda, que llegó a ser conocido como el John Gilbert o el Rodolfo Valentino español y confundido a veces fuera de España con Ronald Colman. Las jovencitas —y maduritas— de aquel tiempo comenzaron a soñar con él y a suspirar cada vez que aparecía en la pantalla.

Corazones sin rumbo

Un fotograma de la película Corazones sin rumbo. (Todocolección)

Cartel de Los claveles de la virgen.

Los claveles de la Virgen (1929)

El 28 de febrero de 1929 se estrenó en el Cine Avenida de Madrid la producción de Perseo Films Los claveles de la virgen, melodrama basado en el cuento de Whasington Irving «La rosa de la Alhambra», con guión y dirección de Florián Rey. Rodada en Lanjarón y Granada y en los estudios de Omnium Cine de Madrid, fue protagonizada por Imperio Argentina y Valentín Parera con intervención de María Anaya, Pilar García Torres, Ramón Meca, José Montenegro, José Argüelles y Dina Montero. Una historia de amor entre Carmen Ibarra (Imperio Argentina) una muchacha de Granada, que para sostener a su familia lleva una vida poco honorable, y Harry Stone (Valentín Parera) un americano de visita por Granada.

Fue la última película muda en que intervino Valentín y constituyó un clamoroso éxito para ambos protagonistas. El rodaje en tierras de Granada supuso para Valentín un regreso cargado de recuerdos y emociones a los escenarios de su infancia tras muchos años de lejanía y olvido.

Los clavels de la Virgen

Dos escenas de Los claveles de la Virgen. A la izquierda, Valentín Parera junto a Pilar G. Torres y Ramón Meca y a la derecha con Imperio Argentina.

Cartel de La bodega.

La bodega (1929)

Ese mismo año (1929) vuelve a interpretar un papel protagonista, al lado de Conchita Piquer, en La bodega, película pionera del cine sonoro español escrita y dirigida por Benito Perojo con guión basado en la polémica novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez. El film, de 87 minutos de duración, se rodó en los estudios Pathé-Nathan de París, en el recinto de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en las bodegas Domecq y en exteriores de Jerez de la Frontera, donde transcurre la acción. Se estrenó en el cine Coliseo de Bilbao el 26 de febrero de 1930 y en el Palacio de la Música de Madrid el 10 de marzo siguiente. La sonorización, que algunos críticos consideraron innecesaria y superflua, consitió en piezas y fragmentos musicales de Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina, Gerónimo Giménez y Manuel de Falla así como diversos temas populares españoles. La actuación de Valentín en el papel de don Luis, el señorito canalla, gustó a público y crítica, especialmente la escena en que muere, magistralmente interpretada, que arrancó los aplausos del público al igual que otros pasajes de la película.

La bodega

A la izquierda, Valentín Parera caracterizado como el señorito don Luis en un decorado de La bodega y a la derecha junto a Conchita Piquer en un fotograma de la misma cinta.

Con motivo del estreno de La Bodega, la revista de humor Gutiérrez, en la que colaboraban Enrique Jardiel Poncela, Tono, Edgar Neville o Miguel Mihura, entre otros amigos del actor, publicó en su número 146 una caricatura de Valentín Parera dibujada por Roberto Gómez, que hemos reproducido más arriba, y estos versos de autor desconocido:

Ego sum Valentín Parera

Parera el ilustre actor
de la pantalla española;
brilla con propio esplendor
y es tan grande su aureola,
que hasta el fin del mundo llega.
Parera, fino licor,
lo mejor de «La Bodega».

Un hombre de suerte (1930)

De la misma época y director fue la siguiente interpretación de Valentín en la pantalla, Un hombre de suerte, también titulada El tesoro de los Menda, junto a Rosario Pino y Roberto Rey, en los principales papeles, y María Luz Callejo, Carlos San Martín, Amelia Muñoz, Helene D'Algy y Joaquín Carrasco. Se trata de una de las primeras películas habladas en español, y la primera de esta clase en que intervino Valentín Parera, que encarnó a Castrenese, un personaje secundario. Se rodó durante cuatro semanas en los estudios Joinville de París bajo la dirección de Benito Perojo, como producción multilingüe de Paramount Pictures, basada en la comedia teatral Un trou dans le mur de Yves Mirande, adaptada al español por Pedro Muñoz Seca. Fue estrenada en el teatro Lírico de Valencia el 6 de octubre de 1930 y la primera proyección en Madrid se verificó en el cine Rialto el 26 de diciembre del mismo año, con una acogida poco favorable de la crítica, salvedad hecha del trabajo de los actores.

  Amelia Muñoz

A la izquierda un cartel de la película Un hombre de suerte o el tesoro de los menda. A la derecha, retrato de la malograda actriz Amelia Muñoz, compañera de reparto de Valentín Parera en la misma cinta, fallecida en plena juventud poco después del rodaje.

El amor solfeando o El profesor de mi mujer (1930)

Imperio Argentina y Valentín Parera en una esdena de El profesor de mi mujer.

Pocos días antes, el 31 de octubre de 1930, se había estrenado en el Real Cinema de Madrid otra cinta protagonizada por Valentín junto a Imperio Argentina. Se trataba de una coproducción hispano-germana de Harmonic Film (Berlín), Pierre Braunberger (París), Renacimiento Films (Madrid) y Cinaes (Barcelona), rodada en los estudios UFA de Alemania en el verano de 1930. Una comedia musical de enredo basada en la obra teatral L'amour chante de Jacques Bousquet, cuya versión española fue dirigida por Armand Guerra y Robert Florey y Florián Rey. Fue distribuida con el título El profesor de mi mujer (también El profesor de mi señora) cambiado poco después del estreno por El amor solfeando. Completaban el reparto Alady, Julia Lajos, José Ortiz de Zárate, Carlos San Martín, José Luis Torrecilla, Florella y Loló Trillo. Los diálogos en español corrieron a cargo de José Luis Salado y el granadino maestro Alonso puso música a varias letras de José María Segarra. La película, de la que tan sólo se conservan unos minutos en la Filmoteca Nacional, pasó por las salas de proyección con aceptable éxito de público, aunque la crítica hizo reproches a la sonorización y realización mientras elogiaba la interpretación, diálogos y escenografía.

 

Fragmento de la cinta El profesor de mi mujer. (pulsar para visionar).

Actor de teatro

Labios pintados (1930)

Herido en el amor propio cuando Benito Perojo le comentó que no sabía «decir», y aprovechando la fama ya adquirida, quiso demostrar lo contrario actuando en el escenario. Lo hizo con la compañía de la actriz argentina Fanny Brena, protagonizando junto a la propia actriz y a Francisco Pereda y Casimito Hurtado en papeles secundarios, la comedia Labios pintados, un vodevil blanco en dos actos y seis cuadros, calificado de «comedia cinematográfica», donde su autor, el escritor uruguayo Juan León Bengoa, director también de la compañía y marido de Fanny, presentaba el contraste de costumbres entre las sociedades norteamericana y española. El debut fue el 10 de mayo de 1930 en el Teatro de la Zarzuela con decorados de Fernando Mignoni y vestuario de la Casa Lacoma. Valentín representó el papel de Raúl, un señorito de buena familia, despilfarrador de su fortuna, que proyecta contraer matrimonio interesado con Betty Cranwel (Fanny Brena), la chica desenvuelta y alegre, hija de millonario y educada en Washington, de la que termina enamorándose apasionadamente.

Y, efectivamente, la crítica corroboró que la dicción de Valentín era buena, además de apreciar otras aptitudes que auguraban el mismo éxito como galán teatral que el ya conseguido en en su trayectoria cinemátográfica:

Con «Labios pintados» se presentó, por primera vez, en un escenario el gran actor de la pantalla Valentín Parera, y, pese al azoramiento y titubeos propios de un novel y al embarazo que le producía el deber inexcusable de utilizar las manos, dejó prever condiciones estimables de galán. No le faltan figura, ni dicción clara, ni sobriedad y naturalidad (ABC. 11-5-1930. p. 55).
Fanny Breña    

Izquierda: Fanny Brena, la actriz argentina en cuya compañía teatral debutó Valentín Parera teniéndola como compañera de reparto. (ABC, 22-5-1930, p. 9). Derecha: Caricatura de Casimiro Hurtado y Valentín Parera en una escena de Labios Pintados. (ABC, 11-5-1930, p. 54).

Dibujo de Valentín Parera de autor desconocido procedente de la revista Popular Film. (Filmoteca de Catalunya).

Pero, sea porque una vez reparado el amor propio herido por el comentario de Perojo perdió interés por las tablas, o porque mientras actuaba en el teatro de la Zarzuela recibió una oferta para trabajar en Hollywood que cambiaría su vida, lo cierto es que Valentín nunca volvió a pisar un escenario teatral.

Hollywood

Era la primera ocasión en que directivos de la Metro acudían a Madrid para negociar con un actor español, lo que da idea del prestigio que había alcanzado Valentín en el mundo del celuloide. Hasta entonces, los actores españoles habían sido contratados tras viajar a Estados Unidos para ofrecerse a la industria norteamericana. Valentín aceptó la oferta de Metro-Goldwyn-Mayer y firmó un contrato prorrogable de tres años y medio de duración, con unas condiciones económicas que superaban a las de los más de cien cineastas españoles, tanto actores como guionistas y directores, contratados hasta entonces por las productoras americanas. Su primer trabajo sería el rodaje de la versión en español de «Paid», drama realizado en 1930 por Sam Wood protagonizado por Joan CrawfordRobert Armstrong y Kent Douglass, que bajo el título «Dentro de la ley» iba a dirigir Benito Perojo con la participación de María Tubau, María Alba, Rafael Rivelles, Julio Villarreal, José Soriano y otros actores españoles, además de Valentín. En diciembre de 1930 emprendió el viaje Madrid - París - El Havre, para continuar con los seis días de navegación del trayecto El Havre - Nueva York, con parada en Plymouth, y finalmente realizar el recorrido Nueva York - Pasadena en otros tres días y cuatro noches de tren que completarían el traslado hasta la meca del cine mundial. Su intención —manifestada en entrevistas de prensa— era aprovechar las ventajas económicas del contrato para volver a España con fondos suficientes para vivir de las rentas con holgura en el caso de que saliera mal la experiencia americana.

Benito Perojo (1894-1974), director que llevó a Valentín Parera al éxito y con el que siempre mantuvo lazos de amistad. (Cinegramas, 24-2-1935, p. 15).

Mientras permaneció en Hollywood mantuvo estrecho contacto con la colonia de cineastas españoles contratados, como él, por la industria cinematográfica norteamericana. Son muy escasas las noticias que han trascendido sobre este corto periodo de la vida de Valentín, pero sabemos que asistió a una fiesta para celebrar la Nochebuena de 1930 en casa de Tono, el humorista, y su primera esposa Leonor Ornstein, junto a otros personajes del cine como Luis Buñuel, Edgar Neville y su esposa Ángeles Rubio-Argüelles, el motrileño José López Rubio, Eduardo Ugarte, José Crespo, Julio Peña, Benito Perojo, Gregorio Martínez Sierra y su compañera sentimental Catalina Bárcena, y Rafael Rivelles con su esposa María Fernanda Ladrón de Guevara. También estaban presentes en la fiesta Charles Chaplin y Georgia Hale.[5]

A mediados de febrero de 1931, Metro Goldwyn Mayer decidió poner fin a su producción de películas en español, recomprando los contratos firmados y pagando por ellos hasta la mitad de la cantidad acordada inicialmente, aunque algunos actores prefirieron prolongar su estancia en California y seguir percibiendo la paga semanal mientras negociaban la cancelación del contrato o hasta la finalización del mismo. Valentín abandonó Hollywood para regresar a España en mayo de 1931 y se embarcó el 19 del mismo mes en el trasanlántico de lujo francés «Île de France», que hacía la travesía Nueva York - Plymouth - El Havre y viceversa.

Amor a primera vista

En el mismo vapor viajaba la soprano estadounidense del Metropolitan Opera, Grace Moore, que tenía programado un concierto en la Ópera Cómica de París y después pesaba pasar una temporada de descanso en su casa de Mougins, cerca de Cannes, en la Costa Azul francesa.

 Grace Moore

Comedor de primera clase del trasanlántico «Île de France» en una postal de la época (tomada de France Afloat). A la derecha, Grace Moore con pelo negro en una foto de estudio (tomado de «GraceMoore.net The Life of a Legend»).

Tuvieron un encuentro casual, y se enamoraron perdidamente. Dejemos que sea el propio Valentín quien cuente la corta historia de amor sellada en la cubierta del «Île de France» una madrugada en el Atlántico Norte:

[TRADUCCIÓN]

En mayo de 1931 regresaba a París en el «Île de France». Ella estaba jugando al backgammon con otra joven en la cubierta. Una de las fichas rebotó y cayó al suelo justo cuando yo pasaba al lado dando mi paseo diario, así que me agaché, recogí la ficha y se la devolví. Nuestras miradas se cruzaron y ella tan sólo dijo gracias con voz emocionada. Yo seguí caminando y las dos chicas continuaron jugando.

Este incidente trivial cambiaría completamente el curso de mi vida. Yo era, lo que podríamos llamar, un hombre de mundo. Había conocido a muchas mujeres hermosas y perfectas, pero ninguna de ellas me había impresionado realmente, y pensaba que nunca llegaría a casame, que estaba condenado a llevar una vida de soltero, que era incapaz de encontrar compañera. Pero ahora estaba enamorado, enamorado de alguien que acababa de ver sólo un momento. Sabía que había encontrado a mi ideal, a la chica que había estado buscando por todas partes. Me pregunté de qué nacionalidad sería. Inglesa, tal vez, pensé.

No la puede encontrar al día siguiente. Estaba desesperado (furious). Entonces, mientra paseaba por la cubierta con el capitán, apareció de repente ante nosotros. Mi corazón dio un brinco. Pareció que me reconocía, pero no me atreví a saludarla. Me gustaría conocer a esa señorita —le dije al capitán—. No respondió y sonrió.

Al día siguiente, una famosa prima donna del Metropolitan Opera, Grace Moore, iba a dar un concierto benéfico y después habría un banquete en su honor ofrecido por el capitán. Pero no me importaba asistir ni al concierto ni a la cena ya que no me sentía bien y estaba un poco mareado.

El trasanlántico «Île de France», donde Grace y Valentín se conocieron y cruzaron el Atlántico en muchas ocasiones, saliendo del puerto de Nueva York. (Fotografía tomada de Alternavios ).

Me encontré con la joven que jugaba al backgammon con la chica de la que me había enamorado. Estaba haciendo los preparativos para el concierto, y me dijo: 'Supongo, señor, que asistirá. Yo le contesté que no creía porque no me sentía bien. "¿Se acuerda de la chica que jugaba backgammon conmigo? —me preguntó—. "¿La rubia? Oh, sí —dije con impaciencia—. ¿Dónde está? Me gustaría conocerla." Esta noche, señor, tendrá una magnífica oportunidad para conocerla despues del concierto en la cena que dará en su honor el capitán.

¡Era Grace Moore! No había otra prima donna en el barco, y yo había creido que era otra distinta de mi rubia. mi rubia era otra. and I thought it was she who was Grace Moore, and not my blonde.

El capitán me la presentó en el banquete. Mi inglés no servía para expresar la admiración que sentía por su canto, así que le pregunté si hablaba francés. Lo hacía perfectamente. ¡Que alivio! Así podía hablarle sin cortapisas, volcando mi corazón en ella.

Esa noche estuvimos hablando hasta las tres de la madrugada sentados en la terraza del barco con las piernas envueltas en una manta mientras que una luna esplendorosa iluminaba la mar.

Nuestro romance continuó en París. Escribí a mi familia contándoles que estaba enamorado de una prima donna americana y que planeaba casarme con ella. Me aconsejaron que no lo hiciera. Estaba claro que nuestro matrimonio no podía funcionar felizmente. Pensaban que las mujeres americanas se criaban con demasida libertad como para agradarnos a nosotros, los españoles, y que la chica americana a la que amaba no podría ser una buena esposa para un castellano.

Para ser sinceros, yo tenía las mismas ideas sobre las mujeres estadounidenses antes de conocer a Grace y creía que ningún hombre latino podría ser feliz con una mujer americana. ¿Por qué? En Granada, donde nací, las chicas tenian que utilizar lenguaje de signos, como los sordomudos, para hablar con los muchachos desde los balcones de sus casas. Libertades que eran habituales en Estados Unidos no existían allí.

Pero yo sabía que la chica americana con la que iba a casarme era diferente. Tres semanas después de habernos conocido, lo sabía todo sobre ella. Nos habíamos contado todo sobre nuestras vidas, desde la infancia hasta el presente. No había secretos entre nosostros. Nuestra relación se basaba en honradez y sinceridad absolutas. Sabía que iba a casarme con ella para toda la vida. No iba a ser algo temporal que se resquebrajara en unos cuantos meses. Ella era mi destino; de eso estaba seguro. La boda se celebró en Cannes. Cuando la llevé a España para conocer a mi familia, todos quedaron encantados con ella. "Es como cualquier chica de aquí", dijeron. Cuando, más tarde, conocí a su familia en Tennessee, me sentí como si estuviera en casa. La vida sureña tiene un donaire, ambiente y encanto que recuerdan tiempos pasados.

No soy fatalista, pero me parece que en la vida ciertas cosas están escritas. Originalmente, había reservado pasaje en otro barco, el «París», pero quería quedarmen unos días en Nueva York y decidí viajar en el «Île de France» que zarpaba más tarde.

Grace Moore
Grace Moore

Dos fotografías de estudio de Grace Moore que muestran en todo su esplendor la belleza de la soprano y actriz primera esposa de Valentín.

Y continúa el periodista autor de la entrevista:

La señorita Moore había presentido que algo emocionante —y totalmente inesperado— le iba a pasar en su viaje y que no abandonaría el barco siendo la misma persona que subió a bordo. Sólo era una premonición. Cuando el desconocido moreno y apuesto recogió la ficha de backggamon y se alejó, le dijo a su secretaria: «Ese es el hombre con quien me voy a casar». Fue, para ambos, amor a primera vista, que, a decir verdad, es la única forma segura de elegir pareja. El señor Parera me dijo que se hubiera casado con ella aunque hubiera sido una simple criada en lugar de un personaje famoso en el mundo entero.  (Surmelian, Leon (febrero de 1936). «Grace Moore's Husband Tells It All». Motion Picture LI (1): pp. 37, 68 y 85. Traducción del inglés: Jorge García, para Recuerdos de Cástaras).

Unos días después de llegar a París, Valentín tomó el tren con destino a Madrid, donde tenía que preparar la documentación necesaria para la boda, que se celebraría en Cannes en cuanto se hubieran cumplido los requisitos legales. Según cita de Rowena Farrar en Grace Moore and her many worls (p. 147), Valentín también tenía que romper el compromiso contraido con una chica, del cual no hemos encontrado mención en ninguna otra parte. Grace se quedó en París, temerosa de que las ilusiones concebidas en el barco se desvanecieran con la lejanía. Pero una llamada telefónica desde Madrid, previamente acordada, le confirmó que Valentín iba en serio y que en pocos días estaría de vuelta con los papeles arreglados.

Matrimonio en Cannes

Así fue, y el 15 de julio de 1931 contrajeron matrimonio en un acto celebrado en el ayuntamiento de Cannes oficiado por el alcalde de la villa. Los contrayentes fueron apadrinados, según noticias que no hemos podido confirmar, por el mismísimo Charles Chaplin. Posteriormente se ofreció una fiesta en los jardines del lujoso Hotel Martínez, recién construido entonces, en la que el brindis corrió a cargo de Edmund Goulding, el famoso actor y director británico que años más tarde dirigiría Juventud Rebelde. Gloria Swanson y Michael Farmer, se conocieron en la fiesta y al poco tiempo también se casaron.

Valentín y Grace el día de su boda
Grace y Valentín en 1932

Grace y Valentín el día de su boda en Cannes (izquierda) y un año más tarde en Nueva York (derecha).
(Cortesía de Ángela Sánchez).

Inmediatamente, Grace y Valentín, perseguidos por fotógrafos y cámaras, partieron en automóvil hacia Venecia donde pasarían una romántica luna de miel, alojados en el famomo «Palazzo Brandolini», ala izquierda del «Palazzo Giustinian», el edificio gótico del siglo XV con fachada al Gran Canal, donde Wagner compuso el segundo acto de su célebre ópera Tristán e Isolda. El alojamiento fue regalo de bodas de Constance Hope, hija de la concertista de piano Eugene Bernstein, amiga, confidente, asesora, mánager y secretaria de Grace durante varios años, y su marido Bill Gower, los cuales acaban de pasar su luna de miel en el mismo lugar.

El romántico viaje de novios continuó en Baviera, donde los recien casados, acompañados por el crítico musical Samuel Chotzinoff, asistieron a la edición de 1931 del Festival de Bayreuth, alojándose en una casa particular que les proporcionó Carla de Martini, esposa del director de orquesta Arturo Toscanini.

Terminado el festival wagneriano, la feliz pareja regresó a Cannes. Al pasar por el Tirol, cerca de Landeck, sufrieron un aparatoso accidente que dejó completamente destrozado el coche que los transportaba, aunque sin consecuencias para los recién casados, que salieron ilesos del percance.

Los invitados de la nueva pareja en Casa Lauretta fueron numerosos y entre ellos la actriz cómica canadiense Beatrice Lillie, el actor ingles Noel Coward, el barítono estadounidense Lawrence Tibbett recien casado con Jane Marston Burgard, su segunda mujer, la mezzosoprano Gladys Swarthout y su esposo, el naturalista ornitólogo Frank Chapman, con quien Valentín entabló una excelente amistad que perduró hasta la muerte de Frank, pasando largos ratos de tertulia siempre que tuvieron ocasión. Grace y Valentín fueron frecuentes invitados del modisto y perfumista británico Edward Molyneux y de la actriz y empresaria estadounidense Maxine Elliott en cuyas reuniones conocieron a otras personalidades como el escritor francés Somerset Maugham, el que fuera primer ministro británico David Lloyd George o al que lo sería unos años más tarde Winston Churchill.

Valentín Parera en Venecia

Valentín Parera pasea en góndola por los canales de Venecia durate su luna de miel en 1931. (Colección de Recuerdos de Cástaras). Grace y Valentín posan en la Costa Azul poco después de su boda. (Nuevo Mundo, n.º 2005; 12-8-1932).

A finales del verano viajaron en coche a España. Primero a Barcelona, Sitges y Zaragoza, para continuar luego hasta Madrid, donde Grace fue presentada a la familia y amigos de Valentín y a la prensa española, que ya se había hecho amplio eco del corto noviazgo y boda de la simpática pareja. Visitaron Toledo, La Granja y Segovia, donde asistieron a un concierto de guitarra ofrecido por Andrés Segovia. Grace fue invitada por el embajador americano en España a dar un recital en San Sebastián, al que asistió el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que fue presentado a los Parera y departió con ellos en el transcurso de la fiesta. Visitas al museo del Prado, fiestas de guitarra y flamenco, una corrida de toros en San Sebastián a la que Grace fue reacia a aistir, y otras múltiples actividades lúdicas entretuvieron a la nueva pareja en los últimos días de su luna de miel. A finales de septiembre, embarcaron de nuevo en el Île de France, donde tuvo lugar una de las primeras peleas matrimoniales, poniendo fin al largo periplo en la casa familiar de Grace en Conecticut.

Mientras que Grace fue aceptada inmediatamente por la madre y hermanos de Valentín, considerándola desde el primer momento una más de la familia, no ocurrió lo mismo con Valentín y la familia de Grace. El coronel Moore, padre de Grace, estaba decepcionado con la elección de su hija y no escondía su disgusto por tener como yerno a Valentín Parera, un extranjero de tez morena, que vestía polainas, que no sabía nadar, que no hablaba ni una palabra de inglés, y —lo que era más importante— que no tenia trabajo y parecía estar dispuesto a vivir de las rentas de su mujer el resto de su vida. Así lo pensaban también casi todos los hermanos de Grace, que estuvieron tentados a tratar a Valentín con cierta descortesía y a preguntarle sin ambajes si planeaba vivir a costa de su hermana permanentemente. Sin embargo la señora Moore y Emily la única hermana de Grace, estaban encantadas con su yerno o cuñado, bastándoles para aceptar a Valentín incondicionalmente la felicidad que veían reflejada en los ojos de la cantante.

 

Grace y Valentín en la cubierta del «Île de France». Fotografía tomada el 22 de septiembre de 1932 durante una de las numerosas travesías entre Europa y América verificadas por la pareja en el trasanlántico francés. (Past to Present, Vintage Foto Gallery).

 

A partir de la boda, Valentín Parera se dedicó casi en exclusiva a atender los asuntos de Grace, colaborando con los representantes, mánager, críticos, músicos y otros profesionales relacionados con la carrera de su mujer. Además de acompañarla en todas su giras, se convirtió en su consejero y estilista. Con fe ciega en las posibilidades cinematográficas de Grace, fue el principal soporte de su carrera artística, sacándola del escepticismo que sobre sus propias capacidades la embargaba, mostrándose siempre enamorado y orgulloso de ella y sirviendo de contrapeso al carácter caprichoso y voluble de la prima donna.

Grace y Valentín con XXX
Grace y Valentín con Gloria Swanson y Michael Farmer en 1933
Grace y Valentín con Jessie Rlaph

Grace y Valentín con Harry Cohn, productor y presidente de Columbia Pictures (arriba izquierda), con Michael Farmer y su esposa, Gloria Swanson, en el Shrine Auditorium de Los Ángeles el 15 de octubre de 1933 (arriba derecha) y con la actriz Jessie Ralph en el plató de la película One Night of Love en 1934. (Fotografías tomadas de «Grace Moore memorial page» en Facebook y de History for Sale (adaptada).

Gracilla y Val, apelativos familiares utilizados con frecuencia entre ellos, y también por los amigos y familiares más cercanos, formaban una bonita pareja muy apreciada en el mundo del cine y de la ópera. La simpatía que derrochaba Valentín, del que siempre habló bien la prensa rosa, la belleza y el encanto que adornaban a Grace, y el amor que unía a ambos, los hacían aparecer como un matrimonio feliz, querido y admirado, que fue calificado como ejemplar por la prensa en contraste con las modas de la época, cuando lo normal era que las parejas se formaran y deshicieran cada vez con mayor frecuencia. Muchos conocidos y amigos de Grace habían vaticinado que su repentino matrimonio no duraría más de seis meses, pero los hechos vinieron a quitarles la razón y la pareja se mantuvo unida y feliz a lo largo de los años. Grace se jactaba de formar con Valentín la pareja más feliz de Hollywood y estaba tan enamorada que hubiera abandonado alegremnente su carrera si a Valentín se le hubiera ocurrido pedírselo.

Grace y Valentín en un momento de complicidad conyugal. (Foto tomada de «Grace Moore memorial page» en Facebook).

Residencias para una pareja feliz

Edificio del hotel Savoy Plaza en cuya planta 17 estaba el apartamento de Grace y Valentín en Nueva York. (Tarjeta postal del Hotel publicada por Lumitone hacia 1927).

Como por estas fechas Grace estaba iniciando su carrera cinematográfica, la pareja decidió fijar residencia cerca de los estudios y del centro de la industria cinematográfica en Hollywood. Alquilaron una suntuosa mansión situada en el 1005 de Rexford Drive en Beverly Hills, que anteriormente había pertenecido a Victor Fleming y a Marlene Dietrich y que luego adquirió Cliffton Webb y más tarde el productor Douglas Cramer, fijando allí la sede en la costa oeste para los negocios cinematográficos.

En la costa este tenían un amplio apartamento situado en la Quinta avenida de Nueva York , que Grace había alquilado hacia 1929, antes de conocer a Valentín. Más tarde se trasladaron a otro apartamento alquilado situado el 280 de Park Avenue y finalmente, a la planta 17 del edificio del hotel Savoy Plaza, situado en la Quinta avenida entre las calles 58 y 59, esquina sur de Central Park, en el mismo lugar que hoy ocupa el rascacielos General Motors Building.

Aconsejados por el estudio de Grace, alquilaron una casa de estilo neocolonial situada en el 1003 Benedict Canyon Drive en Beverly Hills. Al mismo tiempo contrataron un equipo de servicio compuesto por profesor, acompañante, secretarias, camarera, cocinero, chófer y mayordomo, que incrementó excesivamente los gastos del matrimonio.

Buscando la libertad que el traslado a la nueva casa había restingido, Valentín y Grace decidieron comprar una caravana y situarla en una parcela alquilada próxima a la playa de Malibú, donde pasaban los fines de semana junto a varios amigos que se animaron a hacer lo mismo instalando sus caravanas en parcelas próximas.

Al finalizar el verano de 1936, tras una gira de conciertos por Europa, nuestra pareja trasladó de nuevo su domicilio en la costa oeste a una espaciosa casa situada en el 716 North Palm Drive de Beverly Hills con más de 800 metros cuadrados de superficie en una amplia parcela de 2.500 metros cuadrados o más. Hubieron de abonar a la propietaria de la anterior casa 1.250 dólares por los daños provocados en suelos, alfombras, paredes y otros elementos de la vivienda por el uso intensivo, la alta afluencia de amigos y conocidos y las numerosas fiestas que celebraron en aquella residencia.

Vista parcial de la casa de estilo neocolonial español donde residieron Grace Moore y Valentín Parera a partir de 1936. (Fotografía tomada hacia 1937 por Herman Schultheis procedente de Archivegrid, Los Angeles Public Library).

Para las temporadas de descanso en Europa tenían una casa ajardinada de tres dormitorios con vistas al Mediterráneo y a los Alpes marítimos, situada en Mougins, seis kilómetros al norte de Cannes. Grace la compró en 1928 con los derechos de su canción «Chérie je t'aime», sumados al producto de sus primeros conciertos y a ganacias de juego en casinos de la Costa Azul y la rebautizo con el nombre «Casa Lauretta», seguramente en recuerdo del personaje el mismo nombre de la ópera Gianni Schicchi de Pucini, uno de los primeros que representó en el Metropolitan Opera de Nueva York. Hacia 1940, fue remodelada bajo un proyecto encargado al arquitecto americano Barry Dierks.

Grace y Valentín en Villa Lauretta

Grace y Valentín en el jardín de Villa Lauretta en 1938. Fotografías de Dora Kallmus publicadas en Grace Moore and Her Many Worlds (p. 189) por cortesía de Emily Coleman (izquierda) y en «Grace Moore memorial page» en Facebook (derecha).

Durante la segunda guerra mundial, el antiguo chófer y jardinero de Grace preparó y mantuvo en la casa un escondite que albergó a más de cincuenta maquis o miembros de la resistencia francesa fugitivos de la Gestapo, así como a algunos niños huérfanos de guerra. La casa, vecina a la de Maurice Chevalier, también había servido de cuartel y residencia a altos oficiales nazis que la conservaron en buen estado, según le comentó Grace a Jean Dalrymple, mientras proyectaban pasar unos dias del verano de 1947 juntas en la Riviera francesa.

Grace y Valentín en la estación de San Lázaro de París el 25 de mayo de 1935. (Keystone-France/Gamma-Rapho, Getty Images, adaptada).

Era la base para las giras europeas de Grace y sobre todo el lugar donde la pareja pasaba largas temporadas de descanso cuando los compromisos de la primma donna lo permitían, practicando la jardinería en el pequeño terreno adyacente a la mansión, jugando al tenis o al pimpón, tomando el sol desnudos o nadando en la costa acantilada de la cercana Antibes. Invitaban a los más allegados a pasar temporadas en la casa y también celebraban memorables fiestas en honor de amigos o personalidades a las que querían agasajar.

En el otoño de 1936, compraron un terreno de veinte mil metros cuadrados con vistas al Pacífico plantado de exuberantes aguacates y duraznos, de frondosos naranjos y limoneros y nutrido de otras plantas propias de la zona, situado en el 12001 W Sunset Bulevar en el barrio residencial Brentwood Heights de Los Ángeles. Allí se contruyeron una casa con acceso por avenida Saltair, 139 N, diseñada por el famoso arquitecto Paul Revere Willians, a la que por sugerencia de Valentín llamaron «Vista del Río». Mientras Grace acudia diariamente a los estudios, Valentín se dedicaba a planear una amplia residencia al estilo de las casas francesas de campo, con piscina, pista de tenis, amplia terraza, dos suites para invitados, bar, zonas de servicio y numerosas habitaciones, presupuestada en más de 50.000 dólares. Sin llegar a ocuparla, la vendieron cuando decidieron fijar su residencia en Connecticut. La mansión, adquirida y restaurada en 2019 por el diplomático James Costos y su pareja, el interiorista Michael S. Smith, fue residencia de Tyrone Power y parte de su terreno se utilizó en 1947 para construir el colegio Marymount Jr. School, adquirido en 1993 por la Brentwood School que actualmente ocupa las instalaciones.

Casa en Los Ángeles

La casa de estilo neocolonial que Grace y Valentín se construyeron en el barrio residencial Brentwood Heights de Los Ángeles, con diseño del arquitecto Paul Revere Williams. No llegaron a ocuparla y posteriormente fue residencia de Tyrone Power. (Tomada de Paul Revere Willians America Achitect Project. Security Pacific Collection, Los Angeles Public Library).

A principios de 1936 Grace empezó a tener dificultades para armonizar las obligaciones derivadas de sus contratos y giras musicales operísticas con el rodaje de películas. Estas complicaciones y otras consideraciones de índole fiscal, más un incidente con el director Josef Von Sternberg, mientras estaba rodando la pelicula The King Steps Outs, determinó a nuestra pareja a abandonar definitivamente California.

Far Away Meadows

Far Away Meadows, el caserón con más de doscientos años de antigüedad, antes de las reformas que realizaron Grace y Valentín tras comprarlo en 1937. (Grace Moore and her many worlds, p. 209, por cortesía de Emily Coleman).

A finales de 1937 adquirieron una finca, lo que en inglés llaman farm, en Sandy Hook, un lugar perteneciente al pueblo de Newton en el estado de Connecticut, situado a 125 km de Nueva York. El caserón (tipo saltbox) construido a principios del siglo XVIII por uno de los primeros pobladores de Newtown, que se asienta en la ladera de una colina junto al camino Bradley Lane, aproximadamente a un kilómetro del río Housatonic por la zona del lago Zoar, había pertenecido durante generaciones a la familia de Raphael Gray, tío del destacado escritor y periodista Leland Stowe, y estuvo destinado en tiempos a tienda-almacén (general store).

Far Away Meadows

Vista aérea de Far Away Meadows en una tarjeta postal enviada como felicitación de Navidad por Grace y Valentín en 1940. (Grace Moore and her many worlds, p. 224, por cortesía de Emily Coleman).

Ampliaron la casa original, la reformaron y la adaptaron a sus necesidades, especialmente a las de Grace, dedicando parte de las habitaciones a la escuela de música donde la soprano impartía clases de canto. Edificaron, de nueva planta, una casa para invitados, en la cual vivieron ellos mismos mientras se llevaban a cabo las reformas del edificio original, al que adosaron un nuevo pabellón por su lado este que lo ampliaba considerablemente. Asímismo construyeron en los terrenos de la finca piscina, pista de tenis, gimnasio, corral, invernadero, cobertizos y otras dependencias de servicio. La propiedad se llamaba Far Away Meadows (Prados lejanos) y la pareja mantuvo aquel nombre, que traería recuerdos de infancia a Valentín por haber vivido, jugado y soñado tanto en aquel también lejano lugar de Cástaras de nombre parecido: los Prados de Villarreal.

Far Away Meadows, la casa de Grace y Valentín en TennesseeGrace Moore

Casa en Tennessee

Vista actual de Far Away Meadows, casa y terreno adquiridos en 1937 por Grace y Valentin en el pueblecito Sandy Hook de Newtown, Connecticut. Abajo: otra vista reciente de la casa por la parte trasera. Derecha: Grace Moore en la cocina de Far Away Meadows hacia 1940 (nótese al fondo el bodegón mosaico de cerámica española que aún se conserva en la casa). (Tomado de The Newtowm Bee: For Sale: Heart And Home, by Nancy K. Crevier y de Block Shopper, Connecticut: As seen on the silver screen, by Terry Shaw).

Una vez terminadas las obras fijaron allí su residencia, aunque manteniendo el apartamento de Nueva York y Casa Lauretta en Mougins. Tras la muerte de Grace, la propiedad pasó a manos de la actriz y guionista Ruth Gordon y de su esposo el también guionista Garson Kanin que la ocuparon hasta mediados de la década de 1950. Como curiosodad, añadiremos que algunos planos de la película de 1949 La costilla de Adán, con guión del matrimonio Kanin, dirigida por George Cukor y protagonizada por Spencer Tracy y Katharine Hepburn, se rodaron en Far Away Meadows.

Far Away Meadows

Vista posterior de Far Away Meadows al anochecer, en un fotograma de la película Adam's Rib (La costilla de Adán) dirigida en 1949 por George Cukor.

 

Grace y Val

Dos fotografías posadas de Grace y Valentín en Far Away Meadows hacia 1938. (Tomadas del blog Los olvidados del cine español y de fanpix.net, respectivamente).

Nueva etapa cinematográfica: contrato con la Fox

Mientras residía en Beberly Hills, un nuevo contrato permitió a Valentín prolongar su trayectoria cinemátográfica, inerviniendo en cuatro películas sonoras producidas por Fox Film Corporation, rodadas todas en Estados Unidos. Tres fueron dirigidas por John Reinhardt: Yo, tú y ella (1933); Granaderos del amor (1934) y ¡Ojo, solteros! (1934) y la última, Señora casada necesita marido (1934), estuvo a cargo de James Tinling.

Yo, tú y ella (1933)

Rodada en español en el mes de julio de 1933 con una duración de sesenta y un minutos, es una adaptación cinematográfica realizada por José López Rubio y John Reinhardt, que también dirigió la película, de la comedia Mujer de Gregorio Martínez Sierra, una obra de teatro que se había estrenado en Barcelona en 1925. Valentín encarna un papel secundario en un reparto encabezado por Catalina Bárcena, Luis Alonso (artísticamente Gilbert Roland) y Mona Maris, junto a Rosita Moreno, Julio Peña, Romualdo Tirado, Rosita Granada y José Peña «Pepet». La acción se inicia en París la víspera de Año Nuevo y termina en Madrid. Valentín Parera representa a Eduardo, un amigo del matrimonio formado por Estrella (Catalina Bárcena) y Gabriel (Luis Alonso), inmersos en un conflicto de infidelidades. Tras infundir sopechas a Gabriel de ser amante de Estrella, termina convenciéndolo de la excelente esposa que tiene y de lo poco que la merece. La película fue estrenada en el cine Fantasio de Barcelona el 31 de diciembre de 1933 y en el Coliseum de Madrid el 15 de enero de 1934, con éxito, sobre todo para Catalina Bárcena, muy bien tratada por la crítica. Anteriormente se había estrenado en Nueva York el 29 de noviembre de 1933.

Catalina Bárcena y Valentín Parera Valentín Parera con Catalina Bárcena en un fotograma de la película Yo, tú y ella (izquierda) y con Mona Moris durante el rodaje de la misma cinta (derecha). (Cine-Mundial, diciembre 1933, p. 705).

 

Folleto novela cinematográfica de Granaderos del amor, película en la que intervino Valentín Parera.

Granaderos del amor (1934)

Mientras se verificaba el estreno de Yo, tú y ella, en salas de las principales ciudades de habla hispana, en Hollywod se rodaba Granaderos del amor, drama musical histórico ambientado en la campaña napoleónica en el Tirol, producido entre diciembre de 1933 y enero de 1934. En el reparto figuró Valentín Parera, al lado de Raul Roulien y Conchita Montenegro en los principales papeles, y Andrés de Segurola, Romualdo Tirado, María Calvo, Carlos Villarías, Lucio Villegas, Paco Moreno, Fred Malatesta y demás actores del extenso reparto. Al frente de la dirección estuvo el entonces joven y poco conocido director de origen austriaco John Reinhardt, autor también, junto a William Kernel del guión en inglés, que fue traducido y adaptado al castellano por José López Rubio.

Ochenta minutos dura la acción que trancurre en dos épocas distintas, comenzando en un castillo del Tirol y finalizado en un teatro Viena. Además de un vals de Johann Strauss, leitmotiv de la película, se interpretan un par de duos cantados por Raul Roulien y Conchita Montenegro, así como otros números musicales con partitura de William Kernel y letra de Raul Roulien. El papel encarnado por Valentín es el de un noble y militar austriaco, de nombre Augusto, que lucha con los ejércitos napoleónicos, mientras Erich, el protagonista, imagina ser el teniente Pierre Laval tratando de enamorar a Loni, que imaginariamente es la condesa Von Keller, prometida de Augusto. La cinta se proyectó por primera vez en Santiago de Chile, el 15 de mayo de 1934, mientras que el estreno en Nueva York se verificó el 1 de agosto siguiente. En España se estrenó en el cine Callao de Madrid el 9 de septiembre de 1934 y en el cine Cataluña de Barcelona el 14 del mismo mes y año.

Conchita Montenegro

A la izquierda, la sensual actriz Conchita Montenegro (1911-2007), protagonista y compañera de reparto de Valentín Parera en la película Granaderos del amor. En la foto de la derecha: Valentín con Andrés Segurola, Rosita Moreno, José López Rubio, Berta Singerman y Miguel de Zárraga en los estudios de la Fox en Hollywood. (Cinegramas, 23-9-1934, p. 36).

Tarjeta publicitaria de la película Granaderos del amor en la que Valentín Parera intervino con un papel secundario.

¡Ojo, solteros! (1934)

¡Ojo, solteros! es título con el que se distribuyó en España la cinta también denominada Dos más uno, dos, ¡No te cases! o Deshabillé, una divertida y alegre comedia romántica en la que Rosita Moreno y Valentín Parera interpretaron los papeles protagonistas, Peggy/Elena y Carlos respectivamente, secundados por Andrés Segurola y Carmen Rodríguez. Basada en la película de 1928 Don't marry, se rodó en junio de 1934 bajo la dirección de John Reinhardt con guión en versión española de José López Rubio. Valentín interpretó el papel de Carlos Bentley, un arqueólogo chapado a la antigua muy riguroso con los usos y costumbres sociales, que es conquistado por Elena (Rosita Moreno), una chica moderna que se hace pasar por Peggy (Rosita Moreno), supuesta prima de extraordinario parecido pero de acentuados gustos anticuados, los preferidos por Carlos. Fina comedia en la que Valentín tuvo oportunidad de encarnar un papel distindo de los de vividor, frescales o canalla que hasta entonces le habían sido asignados. La película contiene numerosas escenas divertidas, con la chispa y gracia que José López Rubio supo poner en los diálogos. Se estrenó en Nueva York el 26 de octubre de 1934 como Dos más uno, dos y en España, ya con el título cambiado, el 26 de noviembre de 1934 en el cine San Carlos de Madrid y unos días más tarde, el cinco de diciembre, en el salón Cataluña de Barcelona.

Cartel anunciador de ¡Ojo, solteros!

Folleto de mano de la película  ¡Ojo, solteros! y cartel de la misma realizado para la distribución en América con el título Dos más uno, dos.

Rosita Moreno con Valentín Parera en una escena de ¡Ojo, solteros! rodada en la playa de Malibú. (Cinegramas, 23-9-1934, p. 35).

Folleto de Señora casada necesita marido, la última película en que intervino Valentín Parera.

Señora casada necesita marido (1934)

Comedia de enredos conyugales basada en la novela Az én második feleségem (Mi segunda esposa) del humorista húgaro Jenő (Eugenio) Heltai, con adaptación y guión de José López Rubio, supervisión de Gregorio Martínez Sierra y participación de Enrique Jardiel Poncela como letrista en español de las dos canciones que se interpretan en la película. Se rodó entre el 10 y el 29 de septiembre de 1934 en los estudios de Fox Film Corporation en Hollywood bajo la dirección de James Tinling. Los principales papeles corrieron a cargo de Catalina Bárcena y de Antonio Moreno. Valentín Parera interpretó el personaje de Antoñito Orbok, rico playboy y jugador en quien Irma (Catalina Bárcena) muestra un fingido interés para provocar celos de su marido, Tomas Karen (Antonio Moreno), del cual pretende divorciarse. Distribuida por la propia Fox, se estrenó en Nueva York el 8 de febrero de 1935. En España fue proyectada por primera vez en el cine Fémina de Barcelona el 15 de febrero del mismo año y tres días después en el cine Callao de Madrid. Siguió en cartel en diversas salas de España durante la guerra civil y aún después se ofrecieron bastantes sesiones en cines de barrio.

Valentín Parera y Catalina Bárcena en una escena de Señora casada necesita marido. (Tomada de «Galería de fotos: Catalina Bárcena, una actriz cántabra en Hollywood» en la web Municipios de Cantabria de El Diario Montañés).

Con la intervención en la película Señora casada necesita marido finalizó la carrera como actor de Valentín Parera.

Algunos años más tarde, los productores de la película So This Is Love (Cumbres doradas), una cinta biográfica sobre Grace Moore realizada en 1953 bajo dirección de Gordon Douglas, pidieron a Valentín que participara en la misma interpretando su propio personaje, pero, según declaraciones de Kathryn Grayson, protagonista del filme, John Cherry Monks, el guionista, hubo de cambiar totalmente el guión proyectado ante la rotunda negativa de Valentín a aparecer en la cinta.

De izquierda a derecha: la famosa decoradora estadounidense Elsie de Wolfe, Valentín Parera, Grace Moore y la princesa Natalia Alexandrovna Golitsyna esposa del sobrino del zar Nicloás II, príncipe Vasili Alexandrovich de Rusia, durante una fiesta celebrada en casa de Mary Pickford en 1936. (Foto tomada de Architectural Digest).

Grace y Valentín ca. 300

Grace y Valentín ca 1931

Grace y Valentín en sendas fotografías de la misma serie. La de arriba publicada por Daniel Cruson en Legendary Locals of Newtown (p. 61), por cortesía de Elin Hayes, y la de abajo enviada como felicitación de Navidad a los familiares y amigos de la pareja en 1935 y publicada en Grace Moore and Her Many Worlds (p. 178) por cortesía de Emily Coleman.

Zozobra por la guerra civil española

En los primeros días del verano 1936, Valentín se escapó unos días a Madrid para visitar a su madre, que había estado enferma hacía poco, y al resto de la familia, aprovechando un periodo de descanso en Casa Lauretta, tras una gira por los principales teatros de Budapest, Copenhague, Oslo, Estocolmo y Ámsterdam. Por esos días se rodaba en los estudios de la compañía EASA en Aranjuez la película Nuestra Natacha, basada en la obra homónima de Alejandro Casona y dirigida por Benito Perojo con la participación, entre otras figuras, de Rafael Rivelles y Ana María Custodio. Y hasta allí se desplazó Valentín para saludar a los viejos amigos y compañeros, pasar el día con ellos y recordar los viejos tiempos.

De vuelta a la base europea en Mougins, la pareja dedicó el resto de las vacaciones a realizar excursiones o visitas al sureste de Inglaterra para pasar un fin de semana en Aldington con un amigo, a París para visitar amigos y realizar algunas compras, a Venecia para celebrar el quinto aniversario de boda en el Palacio Brandolini, a Viena de turismo, a Salzburgo para visitar a Toscanini y a los Alpes suizos para completar la temporada de descanso en su alberge de montaña favorito.

El golpe de estado de julio de 1936 y el asedio de Madrid por el ejército mandado por Franco dificultaron y hasta impidieron las comunicaciones de Valentín con su familia residente en la capital de España. En varias ocasiones Valentín telegrafió a doña Soledad, su madre, sin recibir respuesta, lo que incrementó sus preocupaciones y las de Grace. Dada la situación y gracias a la influencia de Grace, Valentín solicitó ayuda al secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull, y al embajador de los Estados Unidos en Madrid, Claude Bowers, para comunicar con su familia y enviarle fondos que les permitieran subsistir en la ciudad sitiada y hambrienta a causa de la guerra.

La noticia tardía de la trágica muerte de Federico García Lorca afectó hondamente a Valentín. Ambos estaban unidos por una estrecha amistad, consolidada en las tertulias del café Granja El Henar cuando Federico se alojaba en la Residencia de Estudiantes por la década de 1920. También Grace, que había conocido a García Lorca durante su luna de miel en Madrid, se conmovió con la infausta muerte del poeta.

Idilio ejemplar

Grace y Valentín en una fotografía de 1935 (Cinegramas, n.º 56, 6-10-1935; pp. 20-21).

Proyecto de adopción

La pareja no podía engendrar porque a Grace le habían practicado una histerectomía poco antes de conocer a Valentín. Quizá por este motivo la pareja se planteó en varias ocasiones adoptar algún niño. Varios medios estadounidenses,[6] publicaron la noticia de que Grace proyectaba adoptar a una sobrina de Valentín llamada Luisita Parera. Según estos medios de prensa, Luisita, que tendría entonces alrededor de cuatro años de edad, era «uno de los tres hijos del hermano de Valentín» y ya manifestaba talentos que Grace planeaba desarrollar teniéndola a su lado. Se llegaron a realizar gestiones a través de la embajada de los Estados Unidos en Madrid para que el Gobierno de la República permitiera el viaje de Luisita hasta América. En diciembre de 1936, algún medio dio por verificado el traslado y a la niña viviendo con sus tíos en Estados Unidos, extremo que no ha sido posible confirmar y que, con los datos disponibles, consideramos muy poco probable.

Hemos tratado de profundizar en la identidad de esta niña, que ahora (2015) tendría alrededor de ocheta y tres años, sin haber logrado saber nada más sobre ella. Lo que sí podemos afirmar es que el único hermano varón de Valentín, de nombre Joaquín y nacido en Cástaras en 1896, no tuvo ninguna hija con ese nombre. La única sobrina de Valentín llamada Luisa, hija de Antonia, una de sus hermanas, no tenía cuatro años en la época de las publicaciones.

Sabemos que Grace corrió con los gastos de estudios en Inglaterra de otra sobrina de Valentín llamada Juanita, con la intención de llevarla posteriormente a Hollywood para que desarrollara una carrera artística con el apoyo de ambos tíos, sin que este último propósito fuera finalmente consumado.

Grace y Valentín

Grace Moore y Valentín Parera en la Estación Central de Varsovia al finalizar su visita a Polonia en diciembre de 1938. (Archivo nacional digital polaco. Narodowe Archiwum Cyfrowe, sig. 1-K-12479-9).

Enfermedades y contratiempos

Por estos años, se presentaron más contrariedades que perturbaron la felicidad y bienestar que la pareja venía gozando. Tanto Valentín como Grace, se vieron aquejados de enfermedades que afectaron sensiblemente al desarrollo de sus actividades.

En septiembre de 1937, Grace estuvo ingresada alrededor de quince dias en el hospital de Santa Mónica por una dolencia que trastocó la agenda de la diva. A pesar de que se intentó mantener en secreto la hospitalización, algunos medios dieron la noticia atribuyendo el ingreso hospitalario a una operación abdominal de escasa importancia. Sin embargo, Rowena Rutherford, en la biografía de la actriz, atribuye la hospitalización a un serio problema de garganta que requirió la intervención de un cirujano experto. Algunos periodistas como Walter Winchell o Louella Parsons publicaron detalles que hicieron creer que Grace estaba muy enferma y destrozada, llegando a especularse con el final de su carrera musical.

Grace,Valentín y fans

Un grupo de entusiastas de Grace posan contenidos por la policía junto a la actriz y a Valentín a la salida de un concierto en Londres hacia 1940. (Hulton Arhive en Getty Images).

Al comenzar el otoño de 1940, Valentín contrajo un resfriado que, sin terminar de curarse, fue evolucionando en los meses siguientes hacia una seria infección pulmonar. El estadio de desarrollo que había alcanzado la dolencia determinó que los médicos aconsejaran la hospitalización inmediata del actor para permanecer en absoluto reposo respiranado aire limpio y fresco. El 7 de enero de 1941 Valentín quedaba internado en el sanatorio antituberculoso de Saranac Lake, situado en las montañas Adirondack, al noroeste del estado de Nueva York, donde se venían aplicando métodos curativos basados principalmente en el reposo y la vida al aire libre de los internos, para aprovechar los beneficios del clima de montaña propio de aquel lugar.

Preocupada exclusivamente por el bienestar de Valentín, Grace pretendía cancelar todos sus compromisos contractuales para permacer a su lado y cuidarlo como él había hecho cuando ella se encontró en situaciones parecidas. Finalmente, entre Valentín y los médicos lograron convencerla para que continuara con su programa de actos.

Comida con amigos en una terraza de Far Away Meadows. De izquierda a derecha: Valentín Parera; la mujer del empresario y multimillonario Harrison Willians, luego conocida como Mona von Bismarck; el director de diseño de la joyería Tiffany & Co., Van Day Truex; Grace Moore; el miembro de la jet set de Boston, Howard Sturges; y, de espaldas, Valentina, la famosa diseñadora de moda y figurinista de origen ucraniano. Ilustración de Carl Erickson (Eric) para la revista Vogue en agosto de 1942. (Conde Nast Collection. Getty Images).

Valentín regresó a Far Away Meadows en julio de 1941, justo a tiempo para celebrar el décimo aniversario de boda en una fiesta con numerosos invitados, pero a los pocos días tuvo una recaida que lo obligó a volver a Saranac Lake, mientras que Grace, con reticencias, viajaba en una especie de embajada de buena voluntad promovida por la Secretaría de Estado a distintas ciudades de Sudamérica. En Buenos Aires recibió noticias de que su marido había empeorado y canceló el resto de la gira. Tras una operación quirúrgica y un rápido restablecimiento, Valentín recibió el alta a finales de agosto. Volvería a recaer en octubre del mismo año y a ingresar otra temporada en el mismo sanatorio. A principios de diciembre ya estaba restablecido, dispuesto para celebrar la Navidad. Una larga temporada de descanso entre Sandy Hook y Nueva York le devolvió el vigor necesario para retomar sus actividades habituales, apaciguar la fogosidad sexual de Grace y acompañarla nuevamente en sus viajes.

El verano de 1943 pasaron un mes de descanso en el hotel Broadmoor de Colorado Spring, que Grace aprovechó para ordenar las notas que venia tomando desde hacía tiempo para un libro autobiográfico, You're Only Human Once, que se publicó en marzo del año siguiente.

Poco después, Valentín adquiriría la nacionalidad estadounidense al prestar juramento de lealtad junto a otras 243 personas en una ceremonia de naturalización que tuvo lugar en Bridgeport.

Grace Moore y Valentín Parera

El matrimonio Parera en el Stork Club de Nueva York antes de la gira de conciertos que Grace, como miembro de la United Service Organizations, dedicó a las tropas estadounidenses destacadas en Viena, Salzburgo, Heidelberg y Wiesbaden hacia 1945. (Tomado de «Grace Moore memorial page»en Facebook).

Accidente ferroviario

Cuando la pareja regresaba a Nueva York, tras una de las numerosas giras de Grace, en la madrugada del 16 de diciembre de 1943, el tren que los transportaba sufrió un grave accidente en los alrededores de Rennert, una poblacion de Carolina del Norte, que causó 74 muertos y alrededor de doscientos heridos de diversa consideración. Afortunadamente para nuestra pareja las heridas que sufrieron fueron leves, y únicamente Grace requirió asistencia de un médico una vez llegados a Nueva York al día siguiente, sin que se vieran afectadas las actuaciones programadas.

Grace y Valentín

Grace y Valentín suben a bordo del avión Constellation de la TWA «Star of Paris» en el aereopuerto La Guardia de Nueva York al iniciar uno de sus últimos viajes a París en abril de 1946. (Tomado de «GraceMoore.net The Life of a Legend»).

Muerte de Grace

La menoscabada salud de Valentín le impidió acompañar a su esposa, como era habitual, en el viaje que realizó en 1945 por Europa, al finalizar la segunda guerra mundial, como miembro de la United Service Organizations para participar, entre otros eventos, en las celebraciones de la liberación del París el 24 de julio. Al año siguiente, durante otra gira de Grace por París, Salzburgo, Viena y otras ciudades europeas, Valentín permaneció igualmente en los Estados Unidos. Parece que la causa de estas ausencias era una dolencia estomacal que lo mantenía postrado por temporadas.

Grace y Valentín

Grace y Valentín en una de sus úlimas fotografías juntos. (Tomada de Facebook, Grace Moore Memorial Page).

A pesar de todo, a finales de 1946 Valentín volvió a Europa, pero, con la salud quebrantada, permanecía en Casa Lauretta mientras que Grace atendía los diversos compromisos contraídos con anterioridad. Había cancelado varias actuaciones en Estados Unidos a causa de las indisposiciones de Valentín, pero mantuvo, con reticencias, algunas comprometidas en diversos ciudades de Europa.

Para cumplir con uno de estos compromisos, cantar en Copenhague y en Estocolmo, Grace salió de Mougins, dejando a Valentín convaleciente en casa. A la tres y media de la tarde del domingo 26 de enero de 1947, tras haber cantado el sábado anterior en la capital danesa, tomó un avión Douglas DC-3 de la compañía KLM con destino a Estocolmo, que se estrelló a poco de despegar del aeropuerto de Kastrup, causando la muerte de todos sus ocupantes.

Los restos mortales de Grace fuerron identificados gracias a un brazalete de oro, regalo de Valentín, que llevaba puesto en el momento del accidente. Se celebraron funerales en la catedral americana de París y en la iglesia Riverside Chuch de Nueva York. Valentín, acompañado de su hermano menor, Joaquín, estuvo presente en las exequias de París, a las que asistieron, entre otras personalidades, Marlene Dietrich, Elsa Schiaparelli y Jefferson Caffery, el embajador de Estados Unidos en Francia. Acompañados hasta el último momento por Valentín, los restos de Grace fueron inhumados el 23 de febrero de 1947 en el cementerio Forest Hill de Chattanooga, según habia dejado dispuesto el año anterior durante una visita a la tumba de su padre enterrado allí hacía dos años. Oficiado por el pastor de la Iglesia Bautista John A. Huff, se celebró en Chattanooga un multitudinario funeral al que asistieron más de seis mil personas.

Valentín Parera dedicó los meses siguientes a revisar los escritos de Grace y a repartir sus objetos personales, biblioteca, joyas, colecciones y otros recuerdos según había dejado dispuesto su esposa o siguiendo su propio criterio.

Para pagar los cuantiosos impuestos originados por la herencia, vendió Far Away Meadows con todo lo que tenía dentro a Ruth Gordon y Garson Kanin, por una cantidad bastante inferior a su precio de mercado. También se deshizo de Casa Lauretta con todo su contenido.

Poco después se sometió en París a una operación de estómago que acabó definitivamente con los dolores y demás molestias que había venido padeciendo en los últimos años.

Segundo matrimonio

En el verano de 1948, circularon rumores de que Valentín planeaba casarse en París con la actriz Anne van den Broeck.[7] Anne era una ambiciosa joven holandesa de ascendencia italiana, alta, rubia, con ojos azules y con cierto parecido a Grace Moore. Nacida hacia 1910, tenía quince años menos que Valentín. Había realizado pinitos como actriz secundaria en películas francesas y buscaba triunfar en Hollywood. Henri Dubonnet, un buen amigo de la pareja muy conocido por el vino aperitivo (vermú francés) que lleva el apellido familiar, la había presentado al matrimonio Parera durante el verano de 1946, en Villa Lauretta. Grace decidió adoptar y proteger artísticamente a Anne y le recomendó viajar a los Estados Unidos para aprender inglés y estudiar arte dramático, con la promesa de ayudardarle en su carrera en cuanto estuviera preparada. En varias ocasiones fue invitada a Villa Lautetta, entablando una buena amistad tanto con Grace como con Valentín.

Al fallecer Grace, Anne estuvo al lado de Valentín prestándole apoyo, hasta llegar a convertirse en su secretaria personal. El trato profesional y de amistad entre ambos dio lugar a una relación sentimental que los decidió a contraer matrimonio.

A pesar de los rumores que habían cundido a mediados de 1948, la boda no se celebró hasta el 18 de diciembre del mismo año, en una ceremonia íntima que ofició el juez Hjalmar Anderson, en la casa del abogado Milton Diamond, una hacienda llamada Little River Farm, situadada en el distrito Sanfordtown de Redding, población distante unos veinte kilómetros de Far Away Meadows, la antigua residencia de los Parera en Sandy Hook.

Dalí, Gala, Anne y Valentín

Valentín, Gala, Anne y Dalí comparten mesa en un restaurante de Nueva York. Salvador Dalí y Valentín Parera mantenían relaciones de amistad desde que ambos frecuentaban el Café El Henar a principios de los años veinte, cuando el genio de Cadaqués se alojaba en la Residencia de Estudiantes. (Cortesía de Ricardo Vaquero Cemborain).

Aunque Valentín se esforzó por mantener buenas relaciones con los familiares y amigos de su anterior esposa, parece que la presencia de Anne —luciendo joyas que antes había llevado Grace— resultaba incómoda y hasta dolorosa. Esto provocó que los contactos se fueran espaciando y que la relación entre Valentín y su anterior famila política se enfriara hasta perderse totalmete al morir la señora Moore año y medio más tarde.

Después de la boda, la nueva pareja se instaló en California, donde Valentín emprendió negocios como productor de espectáculos operísticos y otras actividades relacionadas con el mundo del cine y la televisión, a caballo entre la costa oeste y la ciudad de los rascacielos. Cada primavera el matrimonio viajaba hasta a Madrid, donde también fijaron residencia en un moderno y amplio piso del barrio de Salamanca, permaneciendo en España hasta el mes de noviembre. Estas temporadas en España eran aprovechadas por Valentín para observar el mundo del espectáculo teatral, cinematográfico y folclórico y buscar nuevos talentos para promocionar en sus producciones americanas.

 

Anne y Valentín con unos amigos

Anne y Valentín con unos amigos (posiblemente Curd Jürgens y su cuarta esposa Simone Bicheron) durante una fiesta celebrada en Marbella en los primeros sesenta del siglo XX. (Cortesía de Ricardo Vaquero Cemborain).

Ahora, las actividades del nuevo matrimonio eran de naturaleza más privada y su presencia en los medios de comunicación escasa, aunque de vez en cuando algún medio daba cuenta de su vida social. Por ejemplo, Fernando Díaz-Plaja, en la crónica «Navidades en Nueva York» publicada en la sección «Estampas norteamericanas» del número 567 de la revista Semana, refiere que Valentín, del que era viejo amigo, y su señora lo llevaron en las Navidades de 1950 a la fiesta ofrecida en Nueva York por los hijos del magnate de la prensa estadounidense William Hearst, a la que asistieron numerosos personajes, entre los que cita al actor Rex Harrison, a la actriz británica Merle Oberon, al escritor alemán Erich Maria Remarque, autor de la famosa novela Sin novedad en el frente, al productor teatral Gilber Miller, al famoso letrista y compositor Cole Porter, a la actriz alemana Lilli Palmer y a una tía de la millonaria Barbara Hutton.

Valentín y Anne siguieron manteniendo una relación cercana y continuada con los ambientes del mundo del espectáculo y de la jet set y fueron bastante conocidos en la pujante Marbella de la década de 1960.

Final

Y así fueron transcurriendo los días y los años de Valentín Parera, hasta que una cardiopatía isquémica puso final a su vida el cinco de abril de 1986 a las diez y pico de la noche en la clínica Ruber de Madrid, cuando faltaban poco más de tres meses para que cumpliera 92 años. El día doce del mismo mes se celebró una misa sufragio en la parroquia de Santa María del Monte Carmelo, cercana a su domicilio. No dejó descendencia. Anne, su segunda mujer, lo sobrevivió once años. Dejó el piso de la calle Ayala y se trasladó a otro en la calle Princesa buscando cercanía con la familia de Valentín, la única que al parecer tenía. Los restos mortales de ambos reposan en una misma tumba del cementerio de La Almudena.

Cástaras quedaba lejos, muy lejos; en el tiempo, en el espacio y, quizás, en la memoria. Como a tantos otros castareños, las circunstancias llevaron a Valentín Parera a escenarios muy distintos de los que conoció en su niñez. Después de haber recorrido tantos países, de haber visitado tantas ciudades, de haber conocido y tratado a tantos personajes; después de haber vivido un mundo de brillos y glamur, de farándula y candilejas, de lujo y sensualidad, seguro que entre los últimos fotogramas de su existencia cupo un estremecido recuerdo dedicado a la tierra que lo vio crecer y a los días dichosos vividos en Cástaras.

Autógrafo

Autógrafo de Valentín Parera

 

Bibliografía

 

 

Inicio

 


[*] Expresamos nuestra gratitud por la ayuda prestada para la elaboración de esta página a Ricardo Vaquero Cemborain y a Ángela Sanchez Schoch.
[1] Las fechas de nacimiento de Valentín Parera Mora que se han venido difundiendo hasta el momento, 14 o 15 de agosto de 1895, son erróneas; los asientos de su nacimiento (Registro Civil de Granada, tomo 70-2, pág. 73-74), y defunción (Registro Civil de Madrid, tomo 12-F pág. 405) donde figura el 15 de agosto de 1894, son concluyentes y no dejan lugar a dudas. Francisco Cuenca Benet en su obra Teatro andaluz contemporáneo afirma que Valentín Parera fue bautizado en la iglesia de Santa Ana de Granada, aunque en aquella parroquia no consta ninguna partida a nombre del actor, según información verbal que nos ha proporcionado el encargado de los archivos parroquiales.
[2] Así consta en Figuras de la Pantalla: Valentín Parera, biografía novelada de Valentín escrita por Carlos Fernández Cuenca y publicada en 1929. No hemos podido acceder al expediente académico de Valentín, que, según nos han informado verbalmente los archiveros respectivos, no se encuentra ni en los archivos del Instituto San Isidro ni en los del Cardenal Cisneros, únicos centros educativos de Madrid donde se podía cursar el bachillerato entonces.
[3] Con las escasas referencias disponibles, aventuramos que bien podría ser Adelita Lulú, que, en efecto, fue novia o amante de José Ortega «Joselito», la máxima figura del toreo de entonces.
[4] Existe copia restaurada por IVAC-La Filmoteca en 1995 a partir de una cinta original procedente de Lobster Films.
[5] Gubern, Roman (2009): Los años rojos de Luis Buñuel. Madrid. Cátedra, p. 79.
[6] Entre otros que hemos podido consultar a través de Internet: Chicago Tribune (22 de noviembre de 1936); Modern Screen (diciembre de 1936); Motion Picture (febrero de 1937); The Milwaukee Sentinel (21 de febrero de 1937) y The Tipton Daily Tribune (29 de marzo de 1937).
[7] Citada como Alice van der Broeck en algunos medios y como Anne Vanderwalk por Rowena Rutherford Farrar, biógrafa de Grace Moore.

 

Copyright © Jorge García, para Recuerdos de Cástaras (www.castaras.net), y de sus autores o propietarios para los materiales cedidos.

Fecha de publicación:

7-6-2016

Última revisión:

22-07-2024