Escritos y publicaciones

Homenaje a Jean-Christian Spahni

 

La Alpujarra en la consideraci�n de Jean-Christian Spahni

 

En 1992, sal�an de los talleres del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada los dos tomos de La Alpujarra, el tratado m�s extenso, completo, riguroso y cabal publicado sobre la comarca, obra cumbre del querido maestro, humanista, poeta y versado escritor Miguel J. Carrascosa Salas. Tal vez por su tama�o ―m�s de ochocientas p�ginas en dos gruesos vol�menes de 20x25 cm―, por su profundidad y rigor, o por su precio ―seis mil pesetas entonces, nuevo; cuarenta euros ahora, usado― la obra no ha tenido la difusi�n merecida, aunque era, y contin�a siendo, fuente de estudio y referencia a la que acudir para saber, con detalle y claridad, cualquier aspecto de la comarca granadina y almeriense.

En el cap�tulo primero, �La Alpujarra a trav�s de sus autores�, dentro de la secci�n cuarta, �La Alpujarra en la consideraci�n de los autores contempor�neos�, Carrascosa dedica un apartado a La Alpujarra. (La Andaluc�a secreta) y a su autor, Jean-Christian Spahni, en el que, adem�s de trazar una acertada recensi�n de la obra, ofrece los datos biogr�ficos m�s completos sobre su autor publicados hasta aquel momento.

Las cualidades de dicho apartado lo hacen id�neo para estas p�ginas de homenaje que Recuerdos de C�staras tributa  al escritor suizo, por lo que, con permiso de don Miguel, a quien agradecemos su aliento cercano y colaboraci�n valiosa, incluimos a continuaci�n el texto especificado.

 

Jean-Christian Spahni

(Del libro La Alpujarra, Vol. 1,  p. 57).

 

 

La Alpujarra en la consideraci�n de los autores contempor�neos:

 Jean Christian Spahni *

 

 

 

 

 Miguel J. Carrascosa Salas

En la d�cada de los 50, otro autor contempor�neo �Jean Christian Spahni� nacido en Ginebra (Suiza) el 7 de noviembre** de 1923, arque�logo, etn�logo y escritor fecundo sobre temas de su especialidad,[1] penetra en La Alpujarra a cuerpo limpio �casi de �puntillas�� y acomete, con �xito indudable, la tarea de recoger, para la posteridad, en 200 p�ginas de sugestiva y ajustada narraci�n, una amplia radiograf�a de la comarca, llena de encanto, profundidad y frescura, �en perfecta sincro�nizaci�n con la tierra que estudia. A cualquier detalle se le ha dado valor, porque todo lo que el autor ve en La Alpujarra le interesaba. Su estudio est� lejos, por eso, de la literatura de viajes por Espa�a, con su m�todo, a veces, demasiado generalizante; pero est� lejos tambi�n del cientifismo que carac�teriza a los tratados sociol�gicos que se han venido haciendo sobre los pueblos de Espa�a�,[2] en los que se echa de menos la c�lida descripci�n del autor, que humanice la investigaci�n y d� sentido a la racionalidad y rigor de los datos.

La obra de Spahni, para nosotros, tiene el m�rito indiscutible de habernos compendiado, en pocas p�ginas, una visi�n completa �totalizante� de La Alpujarra de los a�os 50, que abarca aspectos tan variados y sugestivos como los siguientes:

  • Los l�mites geogr�ficos de la comarca, tan confusamente expuestos por otros autores.
  • La descripci�n de los caminos, atajos y veredas de monta�a, que a duras penas conduc�an a los viejos poblados hechos de barro y piedra sin labrar.
  • La alusi�n precisa y erudita acerca de los or�genes de La Alpujarra, que se remontan proba�blemente al Neol�tico Tard�o (3000-2500 a.C.).
  • La ocupaci�n, andando el tiempo, por los �rabes (sirios y yemen�es), ber�beres, almor�vides, almohades y nazaritas.
  • La conquista de Granada por los Reyes Cat�licos, que puso fin al dominio musulm�n en Espa�a.
  • La rebeli�n, 76 a�os despu�s, de los moriscos alpujarre�os y sus consecuencias para la comarca.
  • La organizaci�n pol�tica y social del territorio, cuyos l�mites actuales coinciden, s�lo en parte, con los de sus antiguas tahas.
  • La din�mica familiar, con las coplas y los apodos de sus gentes, en su inmensa mayor�a campesinos y pastores.
  • Las actividades humanas, marcadas muy hondamente por:
    • el trabajo de la tierra,
    • los viejos sistemas de cultivo,
    • el laborioso y ancestral reparto del agua, que se remonta a la �poca romana y despu�s moz�rabe,
    • los aperos de labranza y los productos de la tierra,
    • las pesas y medidas,
    • la ganader�a, la caza y la pesca,
    • los caciques y el trabajo en general,
    • el comercio y la industria,
    • la artesan�a, con el tejido, la cer�mica y el trenzado de esparto,
    • las costumbres, el folklore y la m�sica,
    • el calendario de fiestas populares,
    • las leyendas y las supersticiones,
    • el cante fondo, de resonancias tan �ntimas y expresivas,
    • la fiesta del trovo, que recoge el profesor Spahni con extraordinaria fidelidad y riqueza de datos,
    • las canciones de muleros, las canciones infantiles, tan llenas de ingenuidad y limpieza, etc.
  • Y por �ltimo, el hombre alpujarre�o, al que dedica p�ginas llenas de una ternura y realismo impresionantes. Veamos una muestra:

�Profundamente atados a su bendita tierra y a sus costumbres ancestrales, los habitantes de La Alpujarra no ven de buen grado ��y no sin raz�n!� al intruso que penetra en sus dominios y que es siempre susceptible de provocar all� las peores cat�strofes. Pues conocen la gran ciudad. Van a veces a Granada para hacer sus compras y vender los productos de la tierra. Saben que existe la m�quina; que algunas casas est�n provistas de ascensores, de cuartos de ba�o, de agua corriente y de aparatos de radio. Ven en las calles los potentes y coloristas coches de los turistas, esclavos de la velocidad. Ven tambi�n en los carteles de los cines los desmesurados retratos de los dioses de una masa que les parece afectada por la amnesia.

Pero nada de eso les interesa.

Vuelven a subir de prisa a su soledad celeste. All� vuelven a encontrar, con un suspiro de alivio, sus peque�os cortijos sin confort, y sus monta�as, techo del mundo desde donde, en los d�as claros, se divisan dos continentes.

Regresan a su despojo voluntario, a su simplicidad, a sus campos verdeantes, suspendidos entre el cielo y la tierra.

... Porque han permanecido aut�nticos, todav�a puros, en la ignorancia de un saber vivir que, a menudo, no es m�s que hipocres�a. Han permanecido como hombres y mujeres con sus defectos, sus paradojas, pero tambi�n con una salud intacta y comunicativa...

... Bastaba saberlos escuchar, y guardar sus secretos, ayudarlos, compartir con ellos el puchero, beber en su mismo vaso, pasar largas horas en su maravillosa compa��a, aceptando una ronda de su modesto salario, que ofrec�an con la mayor alegr�a.

Por la tarde ven�an hasta m� a pedirme consejo, a presentarme a su hijo, al asno o a la cabra comprada en la �ltima feria. Hab�a un m�dico en el pueblo, pero era a m� a quien se llamaba a la cabecera de la parturienta.

Sencillamente un gran pueblo que sabe mejor que ninguno el precio de la existencia y de la amistad.

Ahora, pasando de un extremo a otro, a cambio, �qu� me dieron? �Todo!

No las sobras de sus comidas o lo superfluo de sus despensas, sino lo MEJOR. El mejor vino de la bodega, la mejor habitaci�n de la casa, lo mejor de su tiempo y de sus alegr�as. Y son todav�a capaces de mayor generosidad�.[3]

Al intentar abordar el profesor Spahni, en su obra, el estudio de la regi�n alpujarre�a, es l�gico y hasta comprensible que lo haga a costa de recortar informaciones y datos de inter�s para los curiosos y eruditos de la tierra, lo que da la impresi�n de que su prosa se desenvuelva a trav�s de un estilo simple y escol�stico.[4] Tambi�n puede parecer que el autor de La Alpujarra (La Andaluc�a secreta) no presta la debida atenci�n, en sus descripciones, al drama de los campesinos y cortijeros de la Contraviesa, en donde el n�mero de suicidios, en la d�cada de los 50, es muy elevado; pero, en honor a la verdad, diremos que el libro de este formidable y apasionado hispanista constituye un documento �nico, por su excepcional importancia, dentro de la bibliograf�a alpujarre�a del siglo XX, ya que nos ofrece la narraci�n palpitante, humana (a veces desgarradora, a veces tierna) de una tierra ins�lita, �ntima y acogedora como era La Alpujarra de los a�os 50, donde la vida �en feliz expresi�n del autor� �tiene todav�a una explicaci�n�.[5]

La prueba m�s palpable de cuanto afirmamos nos la aporta el �ltimo cap�tulo del libro, dedicado al hombre alpujarre�o, rebelde, desconfiado y hura�o, a primera vista; pero noble, generoso y hos�pitalario cuando se le requiere y solicita. Spahni nos lo recuerda, una y otra vez, en su inefable libro a trav�s de relatos y di�logos llenos de una ternura y sencillez realmente estremecedoras:

�Mi afecto por los animales �escribe Spahni� es proverbial. Un muchacho pobre, que viv�a exclusivamente de la caza y no pose�a otra cosa que un perro, se present� y me dijo:

� �Toma!, es para ti.

� �Para m�?, repuse yo sorprendido.

� S�, t�malo, a�adi� �l ofreci�ndome su perro.

� No, no, no puedo. T� lo necesitas. �Qu� har�as sin �l? �C�mo te ganar�s la vida?

� �Bah!, ya me encontrar� otro. T�malo, t�malo, puesto que t� lo quieres.

� �No!, me negu� en rotundo.

Y se fue visiblemente descontento, y, esa tarde, volvi� a la carga.

� Toma, se lo dar�s a tu madre. Le dir�s que es de mi parte.

�Y sac� por debajo de su chaqueta ra�da un conejo de campo que acababa de cazar en las mismas barbas de la Guardia Civil...!�.[6]

El libro de Spahni, pues, constituye un tratado de antropolog�a elemental, que �ayudar� �sobre todo a los lectores m�s sensibles y amantes de la tierra� a preferir aquello que es aut�ntico y que, a despecho de una intoxicaci�n creciente de formas importadas, permanec�a con las mismas costum�bres y comportamientos de siglos atr�s, en una reiteraci�n esencialmente suya. Esta era La Alpujarra que Spahni, que es un hombre pensante, describe con un cari�o digno de agradecer por todos los granadinos�.[7]

A finales de la d�cada de los 70, tuvimos ocasi�n de conocer la vida y la obra de Jean Christian Spahni, aprovechando los frecuentes viajes realizados, por motivos profesionales, a los pueblos y cortijos de la Contraviesa, la gran cordillera de tierras calizo-dolom�ticas que se interpone, desafiante, entre el mar de Albu�ol y Sierra Nevada. En Murtas, localidad a la que Spahni estuvo particularmente vinculado, a trav�s de largas conversaciones mantenidas con personas y amigos del gran arque�logo suizo, nos pusieron en antecedentes del libro L'Alpujarra, secr�te d'Andalousie, que ha permanecido intraducido al espa�ol hasta 1983,[8] y s�lo localizable en ejemplares dispersos, en lengua francesa. Las gentes de Murtas presum�an en estos a�os que el prestigioso y recordado arque�logo y amigo habr�a fallecido, puesto que las �ltimas noticias llegadas al pueblo acerca de �l databan de mediados de los a�os 60 y confirmaban determinadas indisposiciones que en aquella fecha asegur� padecer. Pero, por ventura, Jean Christian Spahni �tan recordado y querido en La Alpujarra� a�n sigue viviendo y trabajando, dentro y fuera de su tierra, con la misma pasi�n, profundidad y competencia de los mejores a�os.

En agosto de 1983 �invitado por la comisi�n organizadora del II Festival de M�sica Tradicional de La Alpujarra� acude a Murtas desde su residencia ginebrina para recoger, emocionado, el mere�cido y multitudinario homenaje que la comarca le rinde por haber sabido captar �como nadie lo hab�a hecho hasta entonces� las caracter�sticas y singularidades de esta tierra y la grandeza de alma, generosidad y capacidad de acogida de sus moradores, de quienes hab�a dejado escrito en 1954:

�Aqu�llos que permanecen fieles a su pueblo; aqu�llos que cumplen los gestos sagrados de sembrar, cortar las espigas en saz�n de mieses, y ventear las eras de trigo, cantando a lo largo de la jornada; aqu�llos que hacen largos recorridos en medio de la noche para tocar el viol�n o la guitarra; para bailar y fortificar los lazos que unen los unos a los otros; aqu�llos que saben sufrir con la sonrisa, dar a pesar de que no tienen casi nada, y dar lo mejor de ellos mismos, esos s� �solamente esos� conocen el verdadero sentido de la vida. Y la generosidad entre ellos se ha convertido hasta tal punto en habitual, que ha dejado de ser la mayor virtud�.[9]

Por fortuna �y gracias a la perseverancia y nobleza del profesor Spahni, que supo integrarse plenamente con la poblaci�n alpujarre�a de los a�os 50, despu�s de vencer las resistencias y prejui�cios iniciales y de participar en los quehaceres, enso�aciones y penalidades de la comunidad rural� el mensaje que a trav�s de su obra nos ha transmitido, al margen de los datos y de las constataciones estad�sticas, ha sido el de un estrecho arraigo a la naturaleza, a la �soledad celeste� de la monta�a, al silencio, al aire incontaminado, a la espontaneidad en el trato humano, a todo lo sencillo y aut�ntico que late, espont�neo, en el coraz�n del hombre y de las cosas; bienes todos ellos que la sociedad desarrollada de nuestros d�as pretende recuperar como condici�n misma de supervivencia.

�Que qu� nos queda de esta Alpujarra hura�a y primitiva, �ntima y acogedora a la vez, que tan magistralmente supo captar el profesor Spahni durante su larga estancia en esta tierra, all� por los a�os 50?

A primera vista dir�amos que nada o casi nada, ya que, a lo largo de los �ltimos treinta a�os, se ha degradado profundamente el paisaje alpujarre�o y el aspecto general de los pueblos, tan entra�a�bles y llenos de tipismo, sobriedad y belleza en �pocas no muy lejanas. Se han destruido, de modo indiscriminado, muchas de las primitivas viviendas construidas por los ber�beres y, posteriormente, por los repobladores en laderas, llanuras y hondonadas, expuestas al sol o agazapadas al pie de las monta�as, o al borde de una rambla, como las de Torviz�n y Albu�ol; o extendidas en el fondo de un valle atravesado por uno o varios r�os, como las de Trev�lez, �rjiva, Ug�jar y C�diar; o �agarradas� materialmente a las rocas para no caer al abismo, como le ocurre a Capileira del Barranco, que ha sido �junto con Pampaneira y Bubi�n�, uno de los pocos lugares alpujarre�os que ha sabido conservar, e incluso mejorar, su ancestral patrimonio, esto es, el irregular trazado de sus angostas y empinadas callejuelas; la recoleta intimidad de los huertos abancalados y de las peque�as plazas; el horno de le�a para cocer el pan, amasado a pu�o; los r�sticos y desnudos soportales o tinaos, que protegen del sol o de la lluvia a los ganados y a las sufridas gentes de la monta�a...

Y tantas y tantas cosas buenas �integralmente buenas� y aprovechables que nuestros antepasados nos legaron y que la mal llamada �civilizaci�n de la postmodemidad� barri� definitivamente de nuestros pueblos y comarcas, so pretexto de elevar el nivel cultural y de vida de sus habitantes y de integrarlos �c�mo no� en la sociedad del bienestar (?).

�Para qu� enumerarlas...! Est�n en la mente y en el recuerdo de todos. Pero �ojo� que no nos queremos referir, ni mucho menos, a determinadas pr�cticas, h�bitos y comportamientos personales y colectivos que, pese a su ancestral arraigo �no exentos de zafiedad, y del que a veces se ha hecho gala� eran propios de una sociedad condenada, durante siglos, a la incomunicaci�n, al analfabetismo y al subdesarrollo, como result� ser La Alpujarra del XIX y aun de una buena parte del XX. Una Alpujarra �como veremos m�s adelante� desprovista de carreteras, escuelas, viviendas higi�nicas, servicios m�dico-sanitarios, centros sociales y de acogida, alimentaci�n adecuada, etc.

El escenario alpujarre�o �a la altura de los a�os 90� ha cambiado, y creemos que para bien en algunos aspectos del desarrollo comunitario; pero a costa, como siempre, de un precio muy alto, que ha supuesto �nada m�s y nada menos� que la muerte inexorable de muchos valores y conquistas del pasado... �Ojal� que los alpujarre�os de hoy �que han sabido crear asociaciones de tanta garra rei�vindicativa y cultural como Abuxarra y los Festivales de M�sica de Tradicional de La Alpujarra� �permanezcan finalmente unidos a los elementos m�s puros de su cultura! Es �ste el deseo sincero que les dirijo; pues una modernizaci�n mesurada de las condiciones de existencia no es de ninguna forma incompatible con el respeto a las tradiciones. Y este respeto implica obligatoriamente una alegr�a de vivir, una serenidad, una confianza y un sentido de lo humano que la sociedad occidental �esclava de la t�cnica� parece haber perdido definitivamente�.

�...El desprecio del pasado �no lo olvidemos� significa el del hombre mismo y, como consecuencia, la muerte ineluctable de un pueblo�.[10]

As� es Spahni y as� escribi� en los a�os 50 de nuestra Alpujarra. �Qu� maravilla!

 

 

 

   * Texto �ntegro de cap�tulo del mismo t�tulo en: La Alpujarra. Granada: Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1992, vol. 1, pp. 67-71.

  ** En el texto original diciembre, probablemente por error, pues el  curr�culum vitae y la biograf�a de Spahni a los que hemos tenido acceso indican que naci� el 7 de noviembre de 1923. (Nota del editor)

[1] Concluidos sus estudios de Arqueolog�a y Etnograf�a en el Museo e Instituto de Antropolog�a de la Universidad de Ginebra, a partir de 1948 y hasta nuestros d�as, ha realizado, de modo ininterrumpido, multitud de trabajos, informes e investigaciones de car�cter arqueol�gico, antropol�gico y paleontol�gico en Europa (Suiza, Francia, Austria, Grecia y Espa�a), Am�rica Central (Guatemala, Ecuador y M�xico), Am�rica del Sur (Per�, Argentina, Bolivia y Chile) y pa�ses asi�ticos de cultura y tradiciones milenarias, como Nepal, Sri Lanka, Birmania, Thailandia, Malasia, Indonesia, Jap�n, Corea del Sur y Filipinas.

Como fruto de su incesante tarea investigadora en las regiones y pa�ses referenciados, ha publicado una treintena de libros de su especialidad y m�s de cincuenta trabajos cient�ficos, rigurosos y solventes, sobre los temas m�s variados, que han sido ampliamente difundidos a trav�s de las principales universidades y centros de investigaci�n europeos, asi�ticos e hispanoamericanos.

[2] Rold�n Barbero, H. Y J., traductores del libro, La Alpujarra (La Andaluc�a secreta), Granada, 1983, p. 11.

[3] Spahni, J.C., La Alpujarra (La Andaluc�a secreta), Granada, 1983, pp. 179-182.

[4] Rold�n Barbero, H. y J., op. cit., pp. 10-11.

[5] Spahni, J.C., op. cit., p. 19.

[6] Spahni, J.C., op. cit., p. 182.

[7] Rold�n Barbero, H. y J., op. cit., p. 11.

[8] Los hermanos Horacio y Javier ROLD�N BARBERO, ambos profesores universitarios granadinos, han sido los autores de la traducci�n espa�ola de este singular libro, editado y patrocinado por la Excma. Diputaci�n Provincial de Granada, en 1983.

[9] Spahni, J.C., op. cit., pp. 184.

[10] Spahni, J.C., op. cit., p. 15.

 

 

Miguel J. CARRASCOSA SALAS: La Alpujarra en la consideraci�n de autores contempor�neos: Jean Christian Spahni. La Alpujarra, Universidad de Granada, 1992, vol. 1, pp. 67-71. Por cortes�a y con permiso del autor.

 

 

 

 

 

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Fecha de publicación:

24-9-2010

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Última revisión:

10-01-2015